miércoles, 15 de enero de 2014

Una nueva ciudad

Hace un par de semanas atrás, sentada en la peluquería  (nada dramático, el típico corte de puntas) durante la muy normal conversación peluquera y cliente –la cual debo decir que fue muy agradable pues era una española sumamente simpática- entre pregunta y pregunta surgió el tema de que estudio en Santiago y que casi me encuentro viviendo allá. Para aquel que no sabe, yo soy originaria de Rancagua y considero que ahí es donde está mi casa, y es por esto que se sorprendió cuando al preguntarme sobre si me gustaba o no Santiago, mi respuesta fuera positiva. Por lo general, los rancagüinos tienen una muy mala opinión de Santiago, se refieren a la ciudad como “Santiasco” y declaran en todas las redes sociales lo mucho que quieren salir de ahí y volver a su ciudad lo antes posible. Ahora claro, las ganas de querer volver a la ciudad propia son algo común entre los estudiantes que salen de sus ciudades para ir a estudiar, pero por lo menos en mi caso nunca me ha tocado escuchar que se refieran a otra ciudad de esa manera despectiva.
Siempre me ha gustado mucho Rancagua, y hasta hace un tiempo atrás era una fanática absoluta. La primera vez que estuve en Santiago lo detesté por completo y no encontraba el minuto de devolverme a mi hogar. Ahora soy consciente de que las circunstancias en las que me encontraba en el momento influyeron mucho en la opinión que me hice de la ciudad en aquel entonces, y debo decir que ahora pienso totalmente diferente.

Cuando volví a estudiar a Santiago hace unos dos años atrás me propuse darle otra mirada a la ciudad, pararme de manera diferente a frente a ella, y si que la veo con otros ojos ahora. Este último par de años mi vida ha cambiado de manera rotunda, he crecido, he madurado, he aprendido cosas de mí que no nunca me había imaginado, y fue así en ese proceso de conocerme a mi misma y aprender a aceptarme, que aprendí a conocer, a aceptar y a querer a Santiago. 

Fue durante las vacaciones de verano del año pasado que lo decidí; estaba en Rancagua, en mi lugar, cuando de a poco comencé a darme cuenta que extrañaba Santiago, que la ciudad se había metido debajo de mi piel poco a poquito, y que me gustaba esa sensación, sentir que la capital también es mi ciudad, y era ahí donde quería construir mi futuro.
Tengo sueños, grandes sueños, y por mucho que ame Rancagua, su gente, la facilidad y el corto tiempo para llegar a cualquier lugar, las calles donde crecí; esta ciudad ha quedado pequeña para mi, pequeña para mis sueños, para mis ansias para la vida.
Es cierto que el pasado año conocí a una de las personas más importantes de mi vida, a quien amo con locura, y que coincidentemente vive en Santiago, y también es cierto que algunos pueden pensar que esta es una de las razones por las que es allí donde quiero vivir (aunque no me importa mucho lo que puedan pensar), para mí el hecho de que él viva allí es sólo una señal, una más de que es allí hacia donde debo avanzar.
Sus calles, sus construcciones, su cultura, sus luces, esa mezcla entre lo antiguo y lo moderno, su historia, todo está esperando por mí. Espérame Santiago que allá voy.


lunes, 8 de julio de 2013

Para ti

Hay momentos que definen para siempre la manera en la que miras la vida, hay relaciones que marcan como te enfrentas al mundo, y hay lugares que te recuerdan que pase lo que pase siempre, siempre sale el sol; mi lugar es la fuente que está a la salida del metro salvador, o en realidad era la fuente de salvador. Dicen que después de cada tormenta sale el sol, y bueno los arcoíris son la prueba de ello, y eso es lo que me gusta tanto de ese lugar, sin importar el día del año, del clima, de la hora del día, siempre puedes ver un arcoíris, incluso de noche sus luces dan esa impresión, y eso siempre hizo sonreír y recordar que en algún momento la oscuridad se iría y volvería a salir el sol. Durante mucho tiempo la necesité, inclusive cuando no me encontraba mal porque me hacía pensar que eventualmente todo tendría color otra vez.

Las cosas han cambiado, y ese lugar que tanto me ayudó ya no significa lo mismo, ya no la necesito como antes porque ahora tengo mi propia fuente, tengo a alguien que me da la seguridad de que siempre saldrá el sol. Fuiste la primera persona a quien le conté sobre lo que la fuente significaba para mí, fue maravilloso poder compartirlo contigo, y desde ese día que fuimos juntos hasta allá todo cambio. Por siempre será el lugar donde me dijiste que me amabas y donde pude decirlo también.

Esta entrada es para ti, bonito mío porque me inspiras a seguir mis sueños, porque ese 11 de mayo cambiaste mi mundo entero con esas dos palabras y te convertiste en mi propia fuente de salvador, en lo único que necesito para saber que todo estará bien.
Han sido dos maravillosos meses, los mejores de mi vida, pero lo más hermoso sin duda alguna de este tiempo, es saber que es sólo el comienzo de una eternidad junto a ti, te amo.

  

*Lamento que esto esté un día tarde, pero quería que estuviera perfecto para ti.
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